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PENSAMIENTOS DE UN JUGADOR

Vie 29 Mar 2013, 13:36 por J.G.M.

Cuan solo se encuentra el jugador en su etapa activa, su mundo se basa solo y exclusivamente en el, en el juego y en el dinero. No existe otra cosa más en su vida todo gira alrededor del mundillo del juego, ya sea en máquinas, casinos o por internet, para el jugador no existe más mundo que ese.


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no hay cura

Lun 16 Oct 2017, 09:48 por ikeramandi

Buenos días, os estoy leyendo y decis que es una enfermedad cronica que no se llega uno a curar del todo. Pero algo se podrá hacer respecto al dinero, por que esto si no tiene cura sus deudas suben más como no se pare esto. Si alguien ha pasado por esto con muchas deudas que no pueden pagar …

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Mi padre...

Miér 04 Oct 2017, 14:45 por alruna

Hola,
Mi padre es alcohólico en tratamiento y ludopata, ha empezado a reconocer la ludopatia, sus hermanos han conseguido que comience a ir al psicólogo, ya que a sus hijos y a su esposa (mi madre)no nos hace caso.
No se si es una consulta o un desahogo, nos hemos dado cuenta del problema muy …

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Desesperada

Miér 04 Oct 2017, 13:56 por Evalaavergonzada

Hola. Bueno lo primero decir que soy nueva en esto... no se ni por dónde empezar a intentar explicar cómo he llegado a esta situación. Soy una chica de 23 años; todo empezó cuando con 18 años el que era mi novio por ese entonces me llevó al casino... desde ahí hasta hace 2 años que lo …

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Cómo ayudar a un alcohólico

Sáb 14 Oct 2017, 09:45 por joven35

Buenos días compañeros

Escribo este hilo aquí por pertenecer al foro y pasé por la fase de la ludopatía y continuo con consejos y otras cosas que me ayudaron aunque no ha rajatabla pero estable y bastante firme...Nada que ver con mi pasado

El caso es que tengo un familiar discapacitado …

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PENSAMIENTOS

Vie 15 Mayo 2009, 13:22 por J.G.M.

POR DIFICIL QUE SEA UN AMOR VERDADERO, MAS DIFICIL AUN ES UN AMIGO VERDADERO.

UN SALUDO
TODO PROBLEMA TIENE SOLUCION
TU FUTURO NO ES UN JUEGO DE AZAR

Comentarios: 808

Se juegan hasta el apellido...

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Se juegan hasta el apellido...

Mensaje por Admin el Dom 10 Oct 2010, 22:47

*
Se juegan hasta el apellido

Los Jugadores Compulsivos son enfermos por jugar. Llamados ludópatas, se atreven a apostar fortunas, pues no saben contenerse.


Elcolombiano.com | John Saldarriaga | Medellín *Nombres cambiados | Publicado el 10 de octubre de 2010

Cuando Joaquín* recibió la plata de la prejubilación, 400 millones de pesos por casi 40 años de trabajo en una textilera, a muchos les sorprendió que dos meses después no tuviera nada. Se jugó a las cartas el fruto de su sudor... y lo perdió.

Esas fueron las partidas más osadas de su existencia. Por una parte, porque lo que apostó fue más que cifras: puso sobre la mesa de juego, aunque esto seguramente nadie lo vio y él mismo ni siquiera lo consideró, el esfuerzo y la salud. Los obreros de las textileras sufren usualmente de enfermedades respiratorias. Y más en la época en que él trabajaba, cuando la tecnología de las maquinarias no era tan limpia y el aire de la factoría mantenía colmado de motas flotantes. No era raro verlo, durante la jornada laboral, con las fosas nasales rodeadas de partículas de algodón, que de inmediato hacían pensar en las que lograron colarse por las vías respiratorias para tapizar sus pulmones. ¡Y cómo fuma ese condenado!

Cuando daban las ocho de la noche, Joaquín ya tenía un pie en la puerta de salida. Dejaba atrás esas ocho interminables horas de trabajo como operario para irse a entregar a los brazos del juego, por más de doce horas fugaces. Maldiciendo cuando, al jugar apuntado, resultaba eliminado. Barajando. Repartiendo las cartas a veces él, a veces otro. Observando las caras de póker, es decir, los rostros sin expresión de los demás jugadores.

Nunca ha jugado en un elegante casino, donde las luces de colores, la sicodélica decoración de paredes, techo y suelo, los sonidos de las máquinas de juego y el ambiente lúdico invitan a apostar, y la compañía femenina así como las atenciones en licores y comidas resultan gratuitas para los clientes asiduos, sino en modestos cafés situados frente a su fábrica, decorados acaso con algún cuadro de Gardel y mujeres medio desnudas en las paredes, y respirando un ambiente viciado por el humo de cigarrillos y el olor amoniacal de un orinal mal usado todo el día. Oía bajar la reja a medianoche, pero no se inmutaba en mirar el racimo de borrachos que vomitaba el bar a esa hora, pues ni él ni sus compinches debían apurarse a salir. Tenían el privilegio de seguir allí hasta el día siguiente. Cuando daban las diez de la mañana decidía desatornillarse de su silla e irse a casa a bañarse y a arreglarse para volver al trabajo.

"Cuando uno juega, el resto del mundo no existe", explica Santiago*, un hombre que hace ocho años no juega, gracias a terapias de Jugadores Anónimos, grupo que se reúne en Belén y que nació como derivado de los Alcohólicos Anónimos.

Su juego es el de las máquinas, pero la compulsión es la misma. Hablo en presente porque así lo hacen ellos, los miembros de ese grupo. Ellos no dicen: 'yo fui jugador', sino: 'soy jugador'. Se convencen de que creer superado el problema es una actitud soberbia, la cual los pone a un paso de recaer.

"Yo le hacía promesas a mi familia y le decía que yo era capaz solo de dejar de jugar, pero nunca le cumplí", recuerda Santiago. Envenenado con ganancias iniciales, siguió frecuentando el casino tratando de repetir su hazaña. "El sonido del llamado bazuco electrónico o tragamonedas, me embriagaba".

Como una olla a presión
Quien no habla de esta manera es Néstor *. Él ha sido jugador profesional de póker. Sabe que en algunas sociedades, subsistir del póker es un estilo de vida y cree que en Colombia es hora de conformar ligas y federación de este juego.

Y cuando digo profesional es porque él ha tenido épocas, cuando el trabajo en arquitectura está malo, en que obtiene el sustento de las mesas de los casinos. Él se establece un plan de juegos, participa solamente en torneos, no en mesas libres en las que se pierden y ganan millones en el tiempo de un suspiro.

"No me considero jugador compulsivo -está sentado a una mesa de la terraza de bebidas de un casino-. En un torneo uno no pierde más que el precio de la inscripción, 50, 100 ó 200 mil pesos, y puede levantarse, al final de la noche, con tres o cuatro millones en el bolsillo". Tiene una premisa: "no voy a gastarme lo que necesito para satisfacer mis necesidades básicas".

El psiquiatra Luis Fernando Giraldo, de Carisma, la institución departamental que atiende a los adictos a las drogas, pero que no tiene un programa para los del juego, tras definir la ludopatía como un trastorno en el control de los impulsos, como cualquier adicción, dice que los jugadores enfermos se caracterizan por tener un deseo incontenible de jugar, sentir un placer como de mariposas en el estómago antes de jugar o cuando tienen lista la plata para el juego, no poder parar de hacerlo una vez empiezan, y sufrir sentimiento de culpa al terminar. Así lo dice el psiquiatra; los jugadores compulsivos lo dicen así: "eso, simplemente, es un infierno que se vive en la cabeza". "Dejé de jugar por mi cuenta una vez -relata Santiago-, pero me sentía como si me hubieran entregado una olla a presión hirviendo y mi hubieran dicho: 'tenga cuidado que está a punto de estallar'. Estaba desesperado, no me hallaba, me invadió el mal genio. Tanto que, personas cercanas, me dijeron: 'para estar así es mejor que juegues'. Y volví a jugar para aplacar mi espíritu". Distinto a lo que le sucede hoy, que asiste a las reuniones de Jugadores Anónimos, una vez por semana. En ellas se dan valor, respaldo, serenidad. Se comprenden. Saben que "solo por hoy" no juegan y así, de día en día, le van ganando la partida a su adicción.

"Esas reuniones son nuestras pastillas, por así decirlo", expresa quien en el tiempo en que no podía parar de jugar, estuvo a punto de perder su familia y su profesión.

"Esas terapias de grupo son útiles, ayudan a reconocer que no están solos y que pueden salir adelante -afirma el psiquiatra-. Creo que allí también les deberían dar asesoría jurídica, porque muchos de ellos están acosados por deudas de juego y no saben cómo salir de ellas".

¿Y en cuanto a Néstor, el jugador profesional, también es un ludópata? "Buena pregunta -dice el especialista de Carisma -. Si él puede vivir del juego es porque tiene control de sus actos y es capaz de decidir cuándo retirarse. El enfermo, cuando está perdiendo, sigue porque quiere recuperar lo apostado y si está ganando quiere ganar más. Pero él está en riesgo de enfermarse por permanecer en ese ambiente".

Quince años después de su malhadada acción, Joaquín sigue jugando. No apuesta los montos de antes ni tantas horas que necesitarían recursos, pero sigue jugando. Se rebusca unos pesos llevando recados y haciendo diligencias o recibiendo dádivas de unos hermanos para no hacerse esperar demasiado en la mesa de juego en la que siempre hay para él una silla vacía... Añado nada más que, aunque no lo confiese, siente culpa. Si bien no dice nada en sano juicio, cuando bebe aguardiente es un borracho llorón. Con esa voz de estopa de los ebrios, pide perdón a sus familiares por lo que ha hecho de su vida, pero en la resaca parece olvidar esas palabras.



» Contracara


De jugadores a apostadores

"En Antioquia, en los siglos XVIII y XIX, se jugaba más que hoy, pero hoy se arriesga o se apuesta más que antes", sostiene el historiador Roberto Luis Jaramillo.

"En el XVIII se generalizó el juego y también comenzó a reprimirse, lo mismo que el consumo de aguardiente. En el XIX se amplió el ámbito del juego, se hizo más social, menos secreto, pues ya pagaba impuestos".

En esos siglos, con tan pocas alternativas de diversión y tantas amenazas de infierno, las personas buscaban salidas y las encontraban en el juego. Al principio, éste no era muy sofisticado: granos de maíz o chochos. Los dados hacían parte del contenido del carriel. Son famosos los dados cargados. Posteriormente, el naipe, que se conseguía alquilado, hasta el siglo XX en que se imprimía de manera masiva. En un sector de la clase alta se jugó el bridge.

El académico indica que muchas expresiones del habla cotidiana se han trasladado del mundo del juego a las demás esferas de la vida, lo cual pone en evidencia la naturaleza jugadora de los antioqueños: me la juego toda, jugar esta vida y la otra, la apuesta por la paz, juego mi vida, un as bajo la manga, no tires todas las cartas...

En todas las épocas "han satanizado al jugador botaratas. Cuántos casos hay de familias que perdieron fortunas. El derroche sigue siendo grande en los casinos".
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