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no hay cura

Lun 16 Oct 2017, 09:48 por ikeramandi

Buenos días, os estoy leyendo y decis que es una enfermedad cronica que no se llega uno a curar del todo. Pero algo se podrá hacer respecto al dinero, por que esto si no tiene cura sus deudas suben más como no se pare esto. Si alguien ha pasado por esto con muchas deudas que no pueden pagar …

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PENSAMIENTOS DE UN JUGADOR

Vie 29 Mar 2013, 13:36 por J.G.M.

Cuan solo se encuentra el jugador en su etapa activa, su mundo se basa solo y exclusivamente en el, en el juego y en el dinero. No existe otra cosa más en su vida todo gira alrededor del mundillo del juego, ya sea en máquinas, casinos o por internet, para el jugador no existe más mundo que ese.


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Mi padre...

Miér 04 Oct 2017, 14:45 por alruna

Hola,
Mi padre es alcohólico en tratamiento y ludopata, ha empezado a reconocer la ludopatia, sus hermanos han conseguido que comience a ir al psicólogo, ya que a sus hijos y a su esposa (mi madre)no nos hace caso.
No se si es una consulta o un desahogo, nos hemos dado cuenta del problema muy …

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Desesperada

Miér 04 Oct 2017, 13:56 por Evalaavergonzada

Hola. Bueno lo primero decir que soy nueva en esto... no se ni por dónde empezar a intentar explicar cómo he llegado a esta situación. Soy una chica de 23 años; todo empezó cuando con 18 años el que era mi novio por ese entonces me llevó al casino... desde ahí hasta hace 2 años que lo …

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Cómo ayudar a un alcohólico

Sáb 14 Oct 2017, 09:45 por joven35

Buenos días compañeros

Escribo este hilo aquí por pertenecer al foro y pasé por la fase de la ludopatía y continuo con consejos y otras cosas que me ayudaron aunque no ha rajatabla pero estable y bastante firme...Nada que ver con mi pasado

El caso es que tengo un familiar discapacitado …

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PENSAMIENTOS

Vie 15 Mayo 2009, 13:22 por J.G.M.

POR DIFICIL QUE SEA UN AMOR VERDADERO, MAS DIFICIL AUN ES UN AMIGO VERDADERO.

UN SALUDO
TODO PROBLEMA TIENE SOLUCION
TU FUTURO NO ES UN JUEGO DE AZAR

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una revista con historias de A.A.

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una revista con historias de A.A.

Mensaje por J.G.M. el Miér 07 Mayo 2014, 14:41

CARTA DE BIEMBENIDA
Nos sentimos especialmente contentos de publicar por primera vez, desde que la revista asumió el reto de aumentar páginas, el tema: Mujeres en AA.
“Creía que era la única mujer hispana alcohólica”, afirma la autora de una de las historias que hemos publicado en la sección especial de este número, al descubrir con tristeza que en los grupos de AA hispanos, las mujeres brillan por su ausencia. La gran cantidad de historias escritas por mujeres hispanas que se recuperan en AA, recibidas en nuestras oficinas, nos demuestran, una vez más, que “nuestra reunión impresa” es una herramienta más para compartir nuestras historias de recuperación y encontrar ese puente que nos une a todos los que padecemos de esta terrible enfermedad, particularmente a aquellos que por alguna razón no tienen un grupo cerca.
Esta experiencia nos motiva y tal como lo expresa la autora de ¡Bienvenida! agradecemos a las autoras que nos enviaron sus historiales diciendo: “¡qué bueno que viniste!”
Y como nota final, les recordamos que La Viña celebra este año por partida doble: el setenta aniversario del Grapevine y los dieciocho años de La Viña. Habrá fiestas oficiales y locales, les invitamos a participar y celebrar juntos, lean los detalles en AAGrapevine.org en inglés o en español en AAGrapevine.org/español.
Fraternalmente,
La editora
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Re: una revista con historias de A.A.

Mensaje por J.G.M. el Miér 07 Mayo 2014, 14:43

Llegué a Alcohólicos Anónimos a temprana edad. En aquel tiempo se decía que si llegabas antes de los treinta años de edad estabas demasiado joven y te invitaban muy cordialmente a hacer la prueba y beber. Todavía me invitan, pero no me voy.
Ya han pasado los años, pero hoy me he puesto a pensar y me pregunto: ¿cuándo se es demasiado joven? Yo llegué a los diecinueve años, tenía pocas borracheras y me gustó lo que vi y escuché en ese grupo.
En el grupo al cual milito están llegando niños que yo creo que sí son demasiado jóvenes, pues tienen doce, trece y quince años. Les hemos dado el mensaje, pero me pregunto si ellos se podrán identificar con los historiales que se escuchan en la tribuna. No lo sé, pero, al menos, le hemos informado a los padres.
Me gustaría que en el futuro pudiéramos estar más preparados para atraer a estos jóvenes. La sugerencia que me gustaría hacer a esta revista es que en los próximos temas de La Viña se publiquen historias que reflejen las edades y géneros de los jóvenes que beben hoy en día. A mis compañeros de los grupos los invito a informarse para servir mejor. Y ojalá que esos jóvenes se queden y que en el futuro sean los guías de los que vendrán.
Tomás G.
¡Servicio!
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Re: una revista con historias de A.A.

Mensaje por J.G.M. el Miér 07 Mayo 2014, 14:44

Estoy sirviendo en el comité de La Viña como coordinador del distrito en el área 42, y ahora estoy compartiendo el trabajo de los talleres de redacción con los compañeros de California.
Me doy cuenta de la necesidad que existe de informarles a la comunidad de AA acerca de la importancia de motivar las suscripciones a la revista y de participar en esta gran comunidad, pasando el mensaje de AA, que me ayuda a mantenerme sin beber.
Estoy muy agradecido con Alcohólicos Anónimos por permitirme devolver lo que se me ha dado desinteresadamente. Estaré en el servicio a La Viña durante dos años, hasta el 2014, y primeramente Dios, lo llevaré a cabo.
Como dice mi padrino: “sólo por hoy”, y es que “sólo por hoy” se acumulan semanas, meses y años.
José U.
Doce años,
Doce Pasos
Las Vegas, Nevada
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Re: una revista con historias de A.A.

Mensaje por J.G.M. el Vie 09 Mayo 2014, 13:25

Yo vengo del estado sur de California del grupo Nueva experiencia, donde me inicié en AA. Ahora estoy acá en el estado de Las Vegas, Nevada. Tengo doce años sin tomar ni usar drogas, gracias al Poder Superior y a los compañeros que me pasaron el mensaje, y al programa de los Doce Pasos y las Doce Tradiciones. Me ha ido muy bien y aunque me separé de la familia, no he tomado. Tengo que aceptar lo que el Poder Superior me regala, sólo por hoy. De esa manera me empiezo a querer para poder dar algo de mí.
Martín S.
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Re: una revista con historias de A.A.

Mensaje por J.G.M. el Vie 09 Mayo 2014, 14:32

Antes de recibir mi segunda multa por manejar bajo la influencia del alcohol (DUI) yo había visitado los grupos de AA en español. En esas ocasiones me quedaba dando vueltas y mirando por la ventana desde la parada de autobuses. Como pasaban los días y no vi a ninguna mujer, nunca entré al grupo.
Decidí visitar los grupos en inglés y me di cuenta de la cantidad de mujeres alcohólicas que asistían a las reuniones y, aunque era difícil entender lo que decían, yo me sentía más cómoda. Me parecía extraño que no hubiese mujeres en los grupos hispanos.
En noviembre del año 2003, cuando la corte me envió a Alcohólicos Anónimos, tuve mucho miedo. Afortunadamente un amigo, con el que acostumbraba tomar, me pidió que lo acompañara a un grupo en español. Acepté y le pedí que él, a su vez, pusiera mi papel de las firmas que la policía requería, para comprobar mi asistencia, en el escritorio de los grupos.
Cuando entramos en el local sentí que todos los que estaban ahí me miraban, pero la presencia de mi amigo me dio valor.
Pero un día mi amigo no apareció. Entré sola a la junta y en cuanto terminó salí, pues tenía miedo de hablar con esos hombres. Me sentía mal y confundida porque creía que era la única mujer hispana alcohólica.
Pero, a pesar de la vergüenza y el malestar, seguí asistiendo. Aunque algunos hombres eran muy rudos y se expresaban de las mujeres de una forma que me avergonzaba, me gustaba poder entender todo lo que se decía. El machismo me exasperaba, en pleno siglo veintiuno, era ridículo.
Pero mi necesidad era más grande, necesitaba cumplir con esas firmas y continué asistiendo. Mi corazón se quebró cuando escuché a un compañero que compartió de lo que pasaba en su casa cuando él bebía: le propinaba golpes a su mujer y maltrataba a sus hijos. Yo había pasado por eso, dejé mi hogar porque mi esposo usaba drogas y tenía otras mujeres. Esa historia despertó algo dentro de mí “mañana regresaré para seguir escuchándolo”, pensé.
Seguí presentándome en ese grupo, luchando muy duro para quedarme y para que se me respetara como compañera alcohólica y que se me diera un lugar en esta comunidad, como a cualquier alcohólico. Hubo algunos compañeros que fueron buenos conmigo dándome su fortaleza y esperanza, me animaban a ignorar a esos compañeros ruidosos, que parecían enojados porque yo estaba ahí. Ellos me gritaban desde la tribuna que me fuera a mi casa a cuidar a mis hijos, porque, según ellos, yo buscaba otra cosa.
Tenía casi un año asistiendo a las juntas cuando en una junta, un compañero se dirigió a mí con un gesto muy grosero. Fue tremendo, me sentí muy mal me levanté de mi asiento y me fui, pensando no volver jamás. Salí enojada y con lágrimas en los ojos, otro compañero me alcanzó y me preguntó qué pasaba, le conté y él me sugirió que regresara a decirle a ese compañero cómo me sentía, pues yo tenía que poner mis límites. Yo no quería hacerlo, me daba mucha pena, pero la rabia que sentía y la insistencia del compañero me animó.
Me sequé los ojos y regresé a la junta y aunque deseaba lanzarme encima del hombre que me había insultado y enterrarle mis uñas, me contuve. Cuando me tocó compartir hablé del dolor que me causaba ser insultada y ofendida en un lugar donde se supone me tenían que ayudar. Les dije que yo no quería beber y que si me iba enojada por su falta de respeto, eso era precisamente lo que yo haría. Les dije que no iba a permitir que me faltaran el respeto porque yo tengo un lugar en esta comunidad y que cualquiera que se atreva a ofenderme sepa que no me quedaré en silencio.
Todos se dieron vuelta a verlo, el hombre salió de la sala y hasta hoy no lo he vuelto a ver. Tampoco he tenido la necesidad de volver a hablar así, creo que mis compañeros entendieron que yo quería recuperarme, yo quería ser parte de esa comunidad. En este estado, la presencia de las mujeres en Alcohólicos Anónimos es escasa, el crecimiento es lento. Seguimos batallando con el machismo, que ya es menos. Los grupos han empezado a madurar en ese aspecto, tenemos grupos con tres o cuatro mujeres en sus filas, lo cual me da mucho gusto.
En mi grupo seguimos siendo pocas pero hacemos todo lo posible por participar, visitar otros grupos para animar a otras mujeres.
Hoy puedo decir, fuerte y firme: “Soy una mujer alcohólica”. Esas palabras me ayudaron cuando las escuché por primera vez de la boca de una compañera. Qué agradable fue llegar a la reunión y encontrarla a ella ahí. Ese día no tuvimos la oportunidad de hablar, para mí fue suficiente con verla y comprobar que yo no era la única.
En mis visitas a otros grupos no me olvido nunca de acercarme, saludar a la mujer que llega con una sonrisa y decirle “¡bienvenida, qué bueno que viniste!”. Eso fue lo que hizo la diferencia para mí.
AA tiene mucho que ofrecernos, yo camino ahora con mis propios pies, he cambiado. Estoy muy agradecida y feliz, me siento querida y respetada por mis compañeros. Trato de entender lo difícil que es cambiar el punto de vista de los hombres acerca del alcoholismo de la mujer.
Nosotras también queremos dejar de beber pero no sabemos cómo, tenemos miedo y también mucha vergüenza. Qué bueno que hay compañeros maduros y amorosos que han abierto su mente y su corazón para dejarnos estar en los grupos y compartir con ellos este regalo llamado Alcohólicos Anónimos.

Laura L.

Hillsboro, Oregón
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Re: una revista con historias de A.A.

Mensaje por J.G.M. el Mar 13 Mayo 2014, 14:21

Agradecida disfruta sus hijos

Esa noche sus oídos estaban dispuestos a escuchar

Un martes del mes de marzo del año 2009 llegué por primera vez a una sala de Alcohólicos Anónimos mandada por el juez a completar 25 firmas. No tenía idea de qué era el programa y no tenía ni idea que había lugares donde se aprendía a dejar de beber.
Coloqué mi hoja sobre la mesa donde un joven se sentaba y tomé asiento, me puse mis audífonos, agarré mi teléfono y me puse a mandar mensajes de texto a mis amigos de bebetoria, contándoles las tragedias que me habían acontecido y dónde estaba en ese momento. Pasé varios días haciendo lo mismo, yendo al grupo cada día bien cruda.
Por fin llegó el día que completaba la última de mis 25 firmas, el siguiente lunes regresaría a la corte con el reporte de mi progreso. Estaba muy contenta porque ya no tendría que regresar a las juntas.
Ese jueves olvidé mi teléfono y mi Ipod. Fue la primera vez que puse atención a una reunión de Alcohólicos Anónimos. En esas dos horas escuché a los compañeros que me pasaron el mensaje. Cuando terminó la reunión agarré mi tarjeta y salí caminando con mis 25 firmas.
Me dirigí a mi departamento preguntándome si en verdad yo era alcohólica. Esa noche yo tenía entradas para un concierto de rock y mi amiga ya venía a buscarme. Abrí la puerta para salir y me di vuelta a mirar a mis tres hijos que dormían. Nunca había visto mis hijos tan bellos como ese jueves por la noche. Tres veces me di vuelta a mirarlos. Sentí temor, miedo a salir y de que algo pudiese suceder.
Salí a buscar a mi amiga que me esperaba en la calle y le dije: “lo siento mucho pero no te acompañaré”. Ella, molesta, contestó con una pregunta: ¿por qué me haces venir desde tan lejos y comprar estas entradas tan caras?
Yo estaba decidida, le entregué el dinero que tenía y le dije que mi hijo estaba muy enfermo con fiebre. Ella al verme arreglada me dijo: “no te creo”, sentí que no me quedaba otra alternativa que mentir. Mi amiga se fue y yo subí las escaleras de mi departamento llorando, triste, confundida y con unas ganas enormes de un trago y un cigarrillo, pero no, ya no me quedaban más que ocho dólares.
Entré a mi departamento, miré a mis hijos y me senté en el baño a llorar. Por la ventana veía el signo que decía liquor. Me metí las manos en los bolsillos y conté mis ocho dólares otra vez, desesperada calculé que con ese dinero no podía hacer nada.
En ese momento sonó el teléfono, era un amigo, quien me dijo: “Paty, ¿cómo estás?, te llamo para invitarte un café, ¿quieres ir?” Pensé, “no, yo quiero un trago”, pero le dije “no, mi hijo está malito y no puedo”. Me preguntó si tenía medicinas y yo le contesté que sí, pero que deseaba seguir hablando.
Hablamos durante tres horas, pero nunca le dije lo que me estaba pasando en ese momento. Me quedé dormida en medio del llanto, como cuando era una niña. El día viernes regresé al grupo donde hoy milito. Leyeron la Tercera Tradición y levanté mi mano, desde ese día sigo con ustedes y me dedico a mi recuperación.
Nunca imaginé que dejaría el alcohol. Comencé a usar químicos a los trece años y luego me dediqué al alcohol. A mis 31 años abrí mis ojos, he aprendido a tener una nueva vida, feliz y útil. Gracias a cada uno de ustedes hoy disfruto de mis tres lindos hijos. Gracias a mi Poder Superior por darme una oportunidad más para ser una persona diferente. Ha habido, y seguirán habiendo, muchos cambios en mi persona.
Estoy agradecida con los Alcohólicos Anónimos, con el policía que me detuvo por manejar ebria y con el juez que me mandó a esta linda sociedad. Hoy sirvo al comité de La Viña de mi distrito, soy tesorera. Mi mensaje es que si te aplicas a las Tradiciones, se le saca el manjar al programa. Yo lo hago diariamente.
Patricia R.
Los Ángeles, California

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Re: una revista con historias de A.A.

Mensaje por J.G.M. el Mar 13 Mayo 2014, 14:29

El sano juicio
Tuvo que probar una vez más y casi muere en el intento
Mi historia tal vez se parezca a muchas otras historias de mujeres alcohólicas, sucede mucho entre nosotros, y le llamamos identificación. Soy la menor de cuatro hermanas, pero en algún momento me sentí como la mayor, no viví la niñez que debería haber vivido en circunstancias normales. Mis padres se separaron cuando yo era muy pequeña. A consecuencia de esta separación, debían dejarme en uno y otro lugar para que me cuidaran, en uno de esos tantos lugares sufrí una violación.
Mi madre era muy dependiente de mi padre, quién también es un alcohólico; sus borracheras constantes no la dejaban tranquila y pese a ya haberse separado, él seguía buscándonos y haciendo problemas en todos los lugares en los que vivimos, mi madre no pudo más y nos fuimos a vivir a otra ciudad.
A partir de entonces perdí la figura paterna, pero como mi madre trabajaba todo el tiempo para darnos a mis hermanas y a mí todo lo que necesitábamos, casi nunca estaba con nosotras. Por esto desarrollé un gran resentimiento hacia ella.
A corta edad tuve que adquirir responsabilidades que no me correspondían y, desde entonces, empecé a gobernar mi vida, me gustaba destacarme en todas las actividades que realizaba y lo logré, fui una alumna ejemplar, hasta que conocí el alcohol.
La primera vez que bebí tan sólo tenía diez años, recuerdo que tomé unas cuantas cervezas con mis primos, por curiosidad. Aunque tenía cierto resentimiento hacia el alcohol por las constantes borracheras de mi padre, me gustó el efecto que el alcohol producía en mí.
No volví a beber hasta los catorce años, creo que empecé a hacerlo para llamar la atención de mi familia, ya que prácticamente vivía sola. Mis hermanas ya habían formado sus hogares y en casa nunca había nadie más que yo. Me enfermaba todo el tiempo y bebía cada vez más.
No era difícil, yo era libre y la mejor opción era divertirme y seguir con mis constantes borracheras, bebía donde podía, bares, plazas, parques o llevaba amigos a mi casa.
Terminé mis estudios y comencé a trabajar, lo que me permitió pagar mis borracheras. No sé en qué momento perdí el control, no disfrutaba ni un solo fin de semana, porque me la pasaba bebiendo y luego intentaba dormir para poder retomar mi trabajo, pero la depresión, el malestar y la desesperación que sentía, no me permitían hacerlo.
Pensaba que el hecho de llegar a trabajar desarreglada y con la misma ropa del día anterior me hacía responsable, ya que no faltaba al trabajo. En algún momento esa responsabilidad distorsionada también desapareció, lo único que manejaba mi vida era el alcohol. Perdí todo respeto hacia mi familia y para qué contar las veces que no llegué a casa.
Mis lagunas mentales eran cada vez más prolongadas, cada borrachera tenía un fondo más profundo, eso no me gustaba, pero unos días bastaban para olvidar la humillación y el sufrimiento de apenas un fin de semana antes, y como si nada hubiese pasado, volvía a beber.
Me di cuenta de que no podía seguir así, si lo hacía, probablemente encontraría un final amargo.
Llegué a mi primera reunión de AA tras una borrachera de cinco días que me dejó en el hospital, se me asignó una madrina y estuve bien por un corto tiempo, pero volví a beber.
No entendía por qué no podía afrontar mis problemas con sobriedad como lo hacían mis compañeros de AA. Estuve así por casi dos años, entrando y saliendo de la comunidad. Cambié de grupo, cambié de padrino, pero nada funcionaba, no había solución para mí.
Ahora entiendo que Alcohólicos Anónimos sí funciona. El problema era yo. No aceptaba mi enfermedad y no estaba dispuesta a dejar mi vida al cuidado de un Poder Superior a mí misma. No podía practicar la honestidad, ni la humildad, ni mucho menos la obediencia, y eso era lo único que necesitaba para empezar a trabajar el programa. Además, creía que era muy joven para ser alcohólica, que todavía tenía mucho por vivir y disfrutar con el alcohol, ese prejuicio fue devastador.
El alcohol me traía cada vez más sufrimiento, no puedo explicar el dolor que muchas veces sentí al despertar después de una laguna mental, en lugares desconocidos y con personas extrañas. Perdí toda mi dignidad como mujer, pero eso no fue suficiente, continuaba queriendo controlar mi forma de beber, creía que algún día podría hacerlo sola. Puedo asegurar que nunca pude hacerlo, “una vez alcohólica, alcohólica para siempre”.
Me alejé de la comunidad por algún tiempo, seguí bebiendo y cada vez cargaba con más fondos hasta que tuve mi última borrachera. Desperté en una casa desconocida, en un lugar muy apartado de la ciudad, logré verme en un espejo y vi que tenía maltratado casi todo el cuerpo, no sabía dónde estaba ni lo que había sucedido, lo único que recordaba era la noche anterior. Estaba sola, me vestí y quise salir pero me di cuenta que la casa estaba cerrada, gracias a Dios pude escapar antes de que algo peor sucediera.
Hasta el día de hoy no se qué pasó allí, ni sé quién es la persona que estuvo allí conmigo, sólo estoy agradecida inmensamente a Dios por estar viva. Esto fue lo que me llevó a derrotarme totalmente ante el alcohol, no podía seguir, estaba a punto de perder mi trabajo y también mi hogar.
Me rendí por completo y acepté que no podía sola, que necesitaba ayuda y volví a mi grupo de AA. Empecé desde , asistí a todas mis reuniones durante tres meses, escuchando con atención las experiencias de recuperación de mis compañeros, como me lo había sugerido mi padrino.
Permanecer en silencio significó sacrificio y fortaleza. Me reunía con mi padrino una vez a la semana, leí la literatura y pronto pude servir en mi grupo. Empecé a practicar mi plan de recuperación, trabajando los Pasos. Admití que era alcohólica y que mi vida era ingobernable, logré tener algo de sano juicio a través del contacto consciente que adquirí con un Poder Superior a mí misma, que es Dios como yo lo concibo, y pude dejar mi vida y mi voluntad al cuidado de ese Poder Superior.
Empecé a escribir un Cuarto Paso con toda humildad y honestidad y en un Quinto Paso lo pude compartir con mi padrino, empezando a ser honesta ante Dios y ante otra persona. Estuve dispuesta a dejar que Dios me liberara de todos esos defectos encontrados y se lo pedí humildemente a través de la oración. Escribí una lista de todas aquellas personas a las cuales ofendí o hice daño. Hice reparaciones con mi familia y también algunas reparaciones indirectas. Hoy en día continúo haciendo un inventario personal tratando siempre de que esté guiado hacia la voluntad de Dios.
Me guío a través de la oración y la meditación para poder dejar que Dios haga su voluntad en mi vida y, por último, estoy esperando la posibilidad de ser madrina de otra alcohólica o alcohólico. Mientras tanto sigo sirviendo en mi grupo para que sus puertas siempre se mantengan abiertas y podamos llevar el mensaje a otros alcohólicos que aún están sufriendo.
Estoy agradecida por todo lo que recuperé y lo que tengo. Gracias a la comunidad de AA, he llegado a trabajar muchos resentimientos que me consumían desde mi niñez, ahora tengo una buena relación con mi familia y soy útil en mi trabajo, pero nunca me olvido de mi prioridad que es la comunidad de Alcohólicos Anónimos.
Tengo veinte años de edad y estoy a pocos meses de cumplir mi primer aniversario, el trabajo constante con los principios de AA ha producido, hace un tiempo, el primer milagro en mí, Dios me ha liberado de esa obsesión por la bebida y ahora trabajo cada veinticuatro horas con la naturaleza exacta de mi enfermedad.
Puedo asegurarles que, pese a todos los problemas que puedan aquejarme, vivo una vida feliz, tengo a Dios a mi lado, puedo contar siempre con mi padrino y mis compañeros de AA y no cambiaría absolutamente nada de lo que hoy tengo, por mi mejor borrachera.
Isabel B.
La Paz, Bolivia
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Re: una revista con historias de A.A.

Mensaje por J.G.M. el Miér 14 Mayo 2014, 13:00

El “don” de ser una mujer sobria
Nunca imaginó que recuperaría la dignidad
Crecí odiando a los borrachos, llamándolos tontos y ridículos. Pero en la vida, si uno no está despierto espiritualmente, podemos caer en las garras de lo que más odiamos.
Llegué a Alcohólicos Anónimos en el mes de febrero de 1982 arrastrando un alcoholismo de muchos años ya que en mi familia el alcohol era algo indispensable para festejar.
Llegué a mi primera junta, divorciada y con cinco hijos. Mi esposo tenía otra relación y yo tenía toda la responsabilidad de llevar a un feliz término la crianza y la educación de mis hijos.
Dentro de la comunidad encontré a personas con un gran deseo de pasar el mensaje salvador de AA. Me quedé y obedecí las sugerencias de mis compañeros. Tuve la oportunidad de que una mujer con muchos años de experiencia me transmitió las palabras mágicas de los Alcohólicos Anónimos: “Siga viniendo, aquí la vamos a ayudar”.
Eso era lo que yo necesitaba para poder darme cuenta de cuánto había descendido y cuánto había perdido, entre esas cosas, mi matrimonio, mi casa, mi trabajo y sobre todo, mi dignidad de mujer y el respeto como persona.
Yo nunca me imaginé que al quedarme en AA no sólo me recuperaría de la obsesión de beber, sino que recuperaría el valor que yo tenía como ser humano y sobre todo el “Don” de ser mujer.
AA me ha dado la oportunidad de ser una compañera para mis hijos y pertenecer a una gran familia mundial.
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Re: una revista con historias de A.A.

Mensaje por J.G.M. el Miér 14 Mayo 2014, 13:04

Enamorada y en AA
Trabaja el programa en todos los aspectos de su vida
Hace tres años que llegué a Alcohólicos Anónimos junto con mi pareja ya que los dos padecíamos de esta enfermedad del alcoholismo, fue algo bueno y positivo para los dos y para nuestras familias.
Yo no creía que tenía un problema, creía que este problema sólo lo tienen los hombres. Esa creencia la traía desde niña, en mi familia casi todos tomaban, mi papá y todos mis tíos. Beber era algo natural, mi mamá en la mañana nos daba cerveza, ella decía que la cebada era buena para nosotros. Mi primera borrachera fue a los quince años, yo era demasiado tímida; en los lugares públicos no me atrevía a ir al baño sola, creía que las personas me miraban.
Todo cambió cuando en una fiesta tomé alcohol, yo sola me paré a bailar, poseída de una gran seguridad. En ese momento me detuve porque al día siguiente la llamada “cruda” me asustó, sentí que me moría.
A los diecisiete años volví a beber y pensé que sería diferente. Fue peor, mis inseguridades seguían, mi timidez y mis traumas también, yo necesitaba algo que me ayudara. El alcohol fue mi gran ayuda y empecé a ir a bailes con amigos después del trabajo.
Una noche, mientras bebía, conocí a un hombre doce años menor que yo, pero igual de tomador. Ese mismo día que nos conocimos acordamos casarnos. Al día siguiente no nos casamos, pero empezamos a vivir juntos.
El día de hoy seguimos juntos, pero fue muy difícil. Llegó el momento en que me cansé y le pedí que se fuera y él me escuchó.
Tiempo después tocó a mi puerta, me dijo que me invitaba a un lugar, acepté y fui con él, se trataba de Alcohólicos Anónimos. Mi intención fue asistir a las reuniones para apoyarlo, aunque luego él me confesó que él buscó el lugar para ayudarme a mí.
Es curioso, los dos estábamos luchando contra el alcholismo y seguimos haciéndolo día a día, pero ahora de la mano de un gran programa. Hoy yo acepto que tengo un problema con mi manera de beber y que también tengo muchas ganas de vivir.
Sólo por hoy sigo con mi pareja. Los dos hemos realizado cambios y seguimos trabajando. Mi madrina me ayuda mucho, me da seguridad, ella está ahí para mí cuando la necesito. Hago servicio, actualmente soy secretaria del comité de La Viña lo cual me da mucha satisfacción, me hace sentir importante y útil. Este programa es maravilloso, tres de mis familiares se han unido a Alcohólicos Anónimos a través mío. Se me eriza la piel de sólo pensar en todo lo que me da este programa, si yo lo permito. Quisiera agradecer a los AA de todo el mundo por permitir que Alcohólicos Anónimos siga funcionando.
Irma H.
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Re: una revista con historias de A.A.

Mensaje por J.G.M. el Miér 14 Mayo 2014, 17:39


La Romana. Provincia La Altagracia. 12 de abril del 2014.

Entré por las puertas del Grupo Santa Mercedes un 12 de abril del 1972, tenía AA. en la República Dominicana nueve años, me recibieron con los brazos abiertos, Alejandro H., Bethy D., Pedro M., Julio César C., Miguelito, Guido C., entre los primeros que llegaron, Nelson D. (quien me dio el mensaje), Napoleón, Pedro M., Enriquito M., Enriquito, Manelo, Piquin, Mario Emilio P., Cuchito, Folke C., Enrique H., y otros que se escapan a mi memoria, compañeros a quienes les agradezco su dedicación y esfuerzo para que yo me quedara, sobre todo por el trato dispensado con el respeto que merecemos las mujeres cuando llegamos, derrotadas por el alcohol. Bethy y yo, nos mantuvimos como mujeres, solas en aquel grupo de compañeros, no conocí a Mercedes por quien se le puso nombre al grupo, pero sí a Ligia que pronto se retiró y murió después. Compartí con Eybo F, fundador de AA. aquí en el país en la Convención Internacional celebrada en el 1973, así como compañeros de Centro América, Panamá, Venezuela. Estados Unidos y Puerto Rico que vinieron a celebrar con nosotros. A partir de este acontecimiento fue que empezamos a practicar el programa de recuperación (Doce Pasos y Doce Tradiciones) y a conocer verdaderamente la inmensa gama de literatura de AA. Desde entonces, no he tomado vacaciones, me he mantenido firme porque desde los principios acepté mi derrota con el alcohol y sobre todo me llevé y sigo llevándome de las sugerencias de los compañeros y del programa. Mi vida sigue el curso de lo que yo quería ser y mi situación alcohólica no me lo permitía. Repetidas veces establezco la diferencia de cuando llegué y el hoy que estoy viviendo, libre de lo que marcó mi vida y a tiempo pude vencer. Agradezco a Dios permitirme cumplir hoy cuarenta y dos años sin beber alcohol, llena de vida y esperanza. Los logros obtenidos son inmensos, las experiencias inenarrables. Hoy estoy colgada de la felicidad de este mundo sobrio. Compañeros, aunque lejos, celebren conmigo mi fiesta de sobriedad.

Flérida González Mota.
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Re: una revista con historias de A.A.

Mensaje por J.G.M. el Vie 16 Mayo 2014, 12:56

Una oveja perdida
Encuentra en los grupos y en la tribuna, su rebaño
Yo tenía una vida vacía, solitaria, y deprimente, pero cuando descubrí la nueva vida que me ofrece AA supe que no estaba sola. Gracias al apadrinamiento y a compartir mis emociones con los compañeros de los grupos pude aceptarme tal cual como soy y tener la vida útil y feliz que me ofrecieron al llegar al programa.
Crecí en medio de una familia disfuncional y desde muy niña fui testigo de las peleas entre mis padres. Los insultos y gritos de miedo, se repetían con regularidad, por esto yo siempre estaba tratando de buscar salidas para no ser agredida por mis padres. Mi madre huía de pueblo en pueblo para escapar del machismo y los celos de mi padre.
Con muy corta edad me independicé de ellos y traté de vivir mi propia vida. Empecé a saborear por primera vez las sobras de cerveza en las reuniones familiares. Esas fiestas siempre terminaban en discusiones y peleas, para mí eso era normal o a veces ya ni me daba cuenta porque yo también ya estaba bebida.
Cumplí dieciséis años aferrada a mis resentimientos, sin creer en nada ni en nadie y con los insultos grabados en mi alma. Aunque yo no quería repetir la historia de mi madre, hoy me doy cuenta que sufrí el efecto bumerang pues me casé con un alcohólico, como ella. Yo comparaba a mi esposo con mi padre y me decía a mí misma: “no es igual” porque él, en lugar de pegarme, me humillaba.
Fue muy raro llegar a AA porque yo vine por alguien que, creía yo, tenía más problemas. Entonces escuché con atención a los compañeros y compañeras que hablaban.
Muchos dicen que Dios, o el Poder Superior, se manifiesta por medio de la tribuna. Hoy sí creo que esto es cierto, porque ese día me identifiqué con todos. La noche anterior en medio del llanto había pedido ayuda, porque yo necesitaba saber por qué yo no era una persona normal. Me sentía como una oveja perdida buscando inútilmente su lugar y su gente.
Usando la literatura y el apadrinamiento me he mantenido sobria y en AA. El padrino me preguntó qué estaba dispuesta a hacer para dejar de beber, yo le contesté que todo. Él me sugirió que fuese obediente, que escuchara con atención, y que no dejara de asistir a las reuniones por ningún motivo.
Hacer servicio con amor al programa no fue fácil, pero tampoco imposible. Me he mantenido siempre en acción con el grupo, por mí y no por nadie más. El padrino me dijo que esto es para toda la vida, me dijo que leer y compartir me ayudaría a mantenerme sobria. Y, aunque a veces mis defectos de carácter me hacen retroceder, yo continúo día por día, sólo por veinticuatro horas.
Judith H.
New Rochelle, Nueva York
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Re: una revista con historias de A.A.

Mensaje por J.G.M. el Vie 16 Mayo 2014, 13:04

Dos derrotas
Su ego le jugó una mala pasada de la que hoy se recupera
Soy un alcohólico que ha tenido la dicha de experimentar el servicio de AA de dos maneras. Comparto esta experiencia esperando tocar sus corazones y que se identifiquen.
Me inicié en Alcohólicos Anónimos hace veintiocho años con una derrota suficiente como para que Dios me quitara el egocentrismo, que es en realidad la causa fundamental de todos nuestros fracasos.
Dejé de beber y me dediqué a leer toda nuestra literatura y a asistir todos los días a las juntas. No es de extrañar que por mucho tiempo fuera un generador de confusión en vez de armonía. ¿Se imaginan a un gran egocéntrico que adquiere conocimiento y no lo practica, sino que se lo aplica a los demás?
Muchos creen que la enfermedad del egocentrismo se detiene por el mero echo de dejar de beber y por asistir a las reuniones. Yo soy un ejemplo de esta verdad, hice cosas peores sin beber, que cuando bebía.
Sirviendo de esta manera, no se imaginan la cantidad de discusiones que causé en las juntas de servicio, y la cantidad de noches que no podía dormir. Me llevaba a la cama a todos aquellos que no tomaban en cuenta mis maravillosas y geniales ideas. Dice nuestra literatura que estos rasgos de personalidad los llevamos a nuestro hogar, al trabajo y a todas nuestras ocupaciones, así que imagínense a un loco con conocimiento queriendo dirigir el espectáculo.
Cuánto daño me hice a mí mismo y a otros. Con esta actitud me eché encima más resentimiento hacia aquellos que no seguían mis sugerencias. Sé que confundí a mucha gente, especialmente a los nuevos, dando el ejemplo del que habla bonito pero no actúa de acuerdo a lo que predica.
Viviendo de esta manera no es una sorpresa que perdiera tanto el trabajo como la familia, además de la pérdida de infinidad de relaciones dentro y fuera de AA.
Por fin toqué fondo, y después que salí de la cárcel, por violencia doméstica, me puse a practicar los Pasos y a seguir las sugerencias de mi padrino, de manera incondicional, yo no podía seguir así.
En estas condiciones de humildad, y por necesidad, me puse a buscar a Dios, como dice el Capitulo Cuarto, dentro de mí mismo y ahí estaba. Ahora todo depende de cómo me relacione yo con mi Poder Superior. Nuestra literatura afirma que cuando se tiene una experiencia espiritual, que es lo único que puede vencer esta enfermedad, podemos hacer y sentir aquello que sin ayuda no podíamos. Yo quiero añadir que podemos hacer y sentir sin esfuerzo lo que antes intentábamos con esfuerzo y necesidad.
Encontrando a Dios nuestros motivos cambian, nuestros puntos de vista sobre la vida cambian, el egocentrismo desaparece y el amor empieza a fluir desde dentro. Este es el estado donde se experimenta la gratitud verdadera.
La gratitud es un sentimiento espontáneo, no se planea ser agradecido, simplemente se es. Es este estado de gratitud lo que cambia los motivos, y no se piensa en lo que hay que recibir sino en lo que se puede contribuir.
Después de esta gran experiencia me he dedicado a servir sin perder de vista que estoy aquí para crecer, esto quiere decir que estoy dispuesto a aprender, recibir críticas sin resentirme, aprender a aceptar la verdad.
La humildad suficiente para dejar que Dios dirija mi vida es lo que hace que hoy sirva por gratitud no por ego, ya no busco quedar bien, ni siquiera espero que tomen en cuenta mis ideas, la oportunidad que me dan de compartir lo mejor de mí, es todo lo que necesito para sentirme útil.
No es mucho lo que tengo para dar pues estoy en crecimiento, pero lo que doy lo disfruto al máximo, por fin, gracias a Dios y a AA, sé lo que es la gratitud.
Dios los bendiga y los conserve sobrios el resto de la vida.
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Re: una revista con historias de A.A.

Mensaje por J.G.M. el Sáb 12 Jul 2014, 12:32

El ateo furioso que hizo grande a A.A.

Jim B., a menudo erróneamente pasado por alto, luchó con Bill W. hasta conseguir un empate sobre la redacción original de los 12 pasos."Dios" quedó clasificado y la tolerancia quedó agregada. Sin este no creyente, A.A. nunca habría prosperado.
Bill Wilson y Bob Smith son nombres muy conocidos, pero las identidades de los hombres que primero se unieron a ellos en lo que llegó a ser Alcohólicos Anónimos han sido casi olvidadas. ¿Quién recuerda Jim Burwell, el vendedor de cera para automóviles de Washington, D.C., que se negó a creer en Dios?
Burwell, bebiendo, había perdido unos 40 puestos de trabajo tras salir del ejército, después de servir en la Primera Guerra Mundial. Un pequeño hombre pelirrojo, fumador de pipa, con opiniones fuertes, que había crecido de forma desesperada y suicida hasta que un día en 1938, a los 40 años, recibió una llamada de Jackie Wilson, amigo de un amigo de la infancia de Burwell, Fitz Mayo. Jackie, que tenía un mes de sobriedad, pero que no tardaría en empezar a beber de nuevo, convenció a Burwell de ir a Nueva Jersey para estar sobrio con los más o menos 10 hombres que juntos habían encontrado una nueva manera de dejar de beber.
En 1938, estos padres fundadores de la Costa del Este, Wilson, Hank Parkhurst, Paul Rudell y Fitz Mayo, junto con una secretaria, Ruth Hock, vendían oficialmente cera para automóviles y repuestos, a través de una organización llamada “Honor Dealers”, con oficinas en Newark.
Bill y Lois Wilson había perdido su casa en Clinton Street, en Brooklyn. Ellos estaban viviendo, junto con algunos de los otros, en la casa de Parkhurst en la cercana Montclair.
Apenas un grupo prometedor, todos estaban sobrios por permanecer reuniéndose y siguiendo los nuevos y flamantes 12 pasos escritos por Bill Wilson.
Su vocación de trabajo era Honor Dealers: "Todos nos propusimos llevar a DuPont a la quiebra", Burwell escribió más tarde en "El círculo vicioso", que aparece ahora en la sección "Historias Personales" del libro Alcohólicos Anónimos. Pero su vocación de mantenerse sobrios, y ayudar a otros a lograr la sobriedad, tendría beneficios inconmensurables para el mundo, incluso aunque ningún coche quedara brillante ni arreglaran el “muffler” de nadie.
Cuando llegó a Nueva Jersey, Burwell se horrorizó de inmediato al encontrar a la mayoría de los miembros del grupo zumbando acerca de la fe, la religión y Dios. Incluso rezaban!
Entre estos vendedores cristianos que trataban de la redención, Burwell y Parkhurst se negaron a estar de acuerdo con la idea de que Dios era el responsable de su sobriedad.
"Todo lo que ellos hablaban ese primer fin de semana fue de Dios", Burwell recordó con disgusto en su relato del Libro Grande. El hijo de un médico en Baltimore, Burwell se había vuelto en contra de la religión organizada en un internado protestante donde fue enviado a los 13 años. Incluso cuando era un adolescente despreciaba lo que él vió como la estupidez de la fe en Dios. "Juré que nunca volvería a unirme o ir a cualquier iglesia", escribió.
Los otros hombres gastaron tiempo y energía tratando de convertir Burwell, pero era "nada que hacer". Durante la primera calificación Burwell estalló: "No puedo soportar esto de Dios! Es un montón de paparruchas para la gente débil. El grupo no lo necesita y no voy a tenerlo. Al diablo con ello ", según Bill Wilson en "La Tercera Tradición" de Los Doce Pasos y las Doce Tradiciones. Al principio, los nuevos amigos de Burwell fueron inflexibles. La idea de cuestionar a Dios era probablemente una amenaza para ellos tanto como la idea de cuestionar su frágil sobriedad.
Burwell había dejado de beber pero definitivamente rechazó la idea de una redención Cristiana. Cuando al cabo de unos meses de sobriedad empezó a beber de nuevo en un viaje de ventas, se negaron a ayudarlo. La Tercera Tradición cuenta la historia de unos hombres tan aterrados de perder lo que habían ganado, y así amenazada por la negativa de Burwell a creer en Dios, que en realidad tuvieron una satisfacción mezquina en el fracaso de su amigo.
Pero Burwell era tan persistente como insistente. Dejó de beber y se negó a irse, y finalmente se le permitió reincorporarse a A.A. incluso con su actitud "inaceptable".
Su ateísmo era especialmente desagradable cuando se trató una pieza de literatura que Bill Wilson había escrito (a lápiz en un bloc de notas en mayo de 1938), "Los 12 Pasos", su declaración de principios del nuevo programa. "Yo no cambiaría una palabra del texto original, en el que ... yo había utilizado constantemente la palabra 'Dios' ", escribió en “Alcohólicos Anónimos Llega a su Mayoría de Edad.”
Burwell y Parkhurst, sin embargo, se negaron a firmar el documento. Ya que constituían el 20% del grupo, Bill se vio obligado a escucharlos.
Finalmente se llegó a un compromiso, y se acordó cuatro cambios fundamentales en el documento. En el Segundo Paso, "Un Poder superior a nosotros mismos" sustituye "a Dios." En los Pasos Tres y Once, la palabra "Dios" fue calificada por la adición de "como nosotros lo
concebimos." "De rodillas" fue cortado en el paso siete. Y la frase "He aquí los pasos que dimos y que se sugieren como un programa de recuperación" se añaden para introducir todos los Pasos, que se ofrecen como "sugerencias" en vez de imponerse como "reglas".
Fue la postura intransigente de Jimmy Burwell contra la religión que en un principio obligó a Alcohólicos Anónimos a ser el grupo tolerante, abierto y acogedor que ha ayudado a más de dos millones de creyentes, agnósticos y ateos.
Fueron Burwell y Parkhurst que se molestaron por el Paso Tres original "centrado en Dios" de Bill y forzaron al grupo a la revisión de todo incluyendo la frase, "Dios, como nosotros lo concebimos." Y fue Burwell cuya "mala conducta", fue la base de la Tercera Tradición en la que el único requisito para ser miembro de A.A. es el deseo de dejar la bebida.
A medida que la temprana A. A. creció, sus miembros también crecieron con más confianza. Pronto hubo 40 hombres que permanecieron sobrios y luego 60. Sentado en un escritorio en “Honor Dealers”, Bill Wilson comenzó a dictar el libro grande (entonces titulado: “100 Hombres”, “El Camino de Salida”, o “Fronteras Secas”) a Ruth Hock. Cada capítulo iría a las reuniones en Nueva York y Akron, con docenas de sugerencias se añadieron al manuscrito. Bill dijo que se sentía más como un árbitro que como un escritor. De esta colaboración dinámica llegaron las primeras 164 páginas de lo que llegó a ser titulado Alcohólicos Anónimos y le dio al grupo incipiente de su nombre.
Aunque Burwell maduró con la edad y la sobriedad, él seguía siendo un rebelde. Haciendo una llamada de Paso 12 en 1939 a una mujer llamada Rosa, él la ayudó a obtener la sobriedad y luego se casó con ella.
El próximo año, Jimmy y Rosa se trasladaron a Filadelfia, donde comenzaron un nuevo grupo de AA. Bill Wilson les envió una carta en que les advertía de la llegada de Jack Alexander del Saturday Evening Post y pidiéndoles que solicitaran una cita para el en Philadelphia. Cuando la pieza favorable de Alexander sobre A.A. apareció en la revista nacional, la joven organización se estableció de la noche a la mañana como una opción seria y efectiva para el tratamiento del alcohólico.
Cuando Burwell tenía ocho años de sobriedad, él y su esposa se mudaron a San Diego. Allí Burwell se convirtió en el archivista no oficial de A.A., reuniendo un gran libro de recuerdos en papel de estraza marrón grueso, entre tapas metálicas soldadas (disponibles para su consulta en la Oficina de Servicios Generales de Manhattan).
"Personalmente no me importa un rábano quién hizo qué.” escribió Bill Wilson a Burwell más tarde. "Pero si esto sigue creciendo y haciendo un gran revuelo, supongo que algún historiador querrá saber los hechos reales y, si no los reunimos ahora, el récord no será ni de lejos correcto. Y un montón de detalles interesantes y los incidentes se perderán para siempre.
Por lo que su esfuerzo en esta dirección es tremendamente apreciado, Jim."
El libro de recuerdos de Burwell es una historia en miniatura de A.A. con cada recorte de periódico, fotografía y carta que pasó a través de su escritorio.
Al igual que Jackie Wilson, quien le hizo la primera llamada a Burwell, Hank Parkhurst no se quedó en el grupo. Empezó a beber otra vez y perdió el contacto con los hombres de "Honor Dealers", que se habían trasladado a las oficinas lúgubres en Manhattan, donde Bill y Lois vivían arriba de la casa club de A.A.
Burwell se mantuvo sobrio y fue un miembro activo de A.A. hasta su muerte en 1974 a los 76 años. A pesar de que sigue siendo poco conocido, su contribución a A.A. fue, sin duda, necesaria para su supervivencia, así como la suya.
En “Alcohólicos Anónimos Llega a su Mayoría de Edad”, Bill Wilson rindió tributo a Burwell, Parkhurst, así como a los cambios que ellos obligaron a hacer en los principios de A.A.: "Esta fue la gran contribución de los ateos y agnósticos. Habían ampliado nuestra pasarela de manera que todos los que sufren podrían pasar, independientemente de su creencia o falta de creencia".
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